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Crónicas de Viajeros

La voz de la experiencia

Crónicas de Viajeros

Castilla - La Mancha es, literariamente hablando, la historia de un Viaje.
El que, entre fantástico y real, emprendiera la libre imaginación de Don Miguel de Cervantes, dando vida en su deambular por los polvorientos caminos de la llanura manchega, al hidalgo Alonso Quijano.

El ayudó más que nadie, a que nuestras tierras fueran universales.

Pero Castilla y La Mancha, durante siglos ha sido también tierra de paso de viajeros anónimos.

Fue fuente de vida intelectual y rica narrativa de muchos escritores y eruditos que, desde lejanos países recorrieron España, recabaron también de los saberes de la viejas tierras de Castilla y de la Mancha, para darlas a conocer a otros hombres, a otras gentes.

Por tanto, nada mejor que recurrir a escritos de viajeros que hoy siguen pasando por nuestra tierra, a los que invitamos a contar las impresiones y experiencias vividas en su estancia.
Nos gustaría recoger su espontanea visión sobre nuestra tierra y que con el paso del tiempo quede recogida en libros de aventuras, anécdotas y experiencias por los viajeros que pasaron por las ubérrimas tierras de D. Quijote en siglo XXI.

Gracias por vuestra participación.

Gracias desde Vilanova i la Geltrú

Estimados Isabel, Enrique y Antonio:

Queremos daros las gracias por la hospitalidad que nos ofrecieron estos días que mi hijo y yo hemos estado alojados en la Casa de la Torre. Ha sido un parte importante de uno de nuestros viajes más memorables. Seguir la Ruta de Don Quijote ha sido nuestra aventura sobre bicicleta más larga y desafiante hasta la fecha.

Los dos estamos de acuerdo en que la parte más impactante del viaje fue la salida de El Toboso, el martes por la mañana justo antes de amanecer, cuando nos adentramos en los campos que parecían extenderse hasta la infinidad, sin conocer lo que nos quedaba por delante. Pero lo que precedió aquello, el desayuno acompañado de la música de Manuel de Falla que ya tocaba cuando entramos en el salón a las 5.30, fue clave para prepararnos para nuestra aventura. Durante todo el viaje, los temas de conversación rondaban sobre lo que Isabel nos comentó después del desayuno, como lo de los varios pueblos que se discutían entre ellos sobre cuál era el verdadero "lugar de la Mancha", o como se podía deducir en qué sitios los varios acontecimientos de la historia podrían haber dado lugar a la imaginación de Cervantes según las claves dadas en la historia. Y una vez terminada nuestra aventura, nos sentimos como si hubiésemos llegado a casa, ya que nos atendisteis en seguida y, además, con una botella de agua bien fría que nos llevó Antonio. ¡No sé si sabéis cuanto apreciábamos aquel detalle!

También disfrutamos mucho de la visita de la casa con toda la explicación de los detalles de su historia, su construcción, la función de las varias partes, y de todo su fascinante decoración igual que el poder dejar nuestros nombres escritos en el libro de visitas dentro de la misma habitación en que Cervantes escribió el Quijote - o como mínimo, una habitación que le hubiera servido perfectamente para ponerse manos a la obra. Finalmente, tengo que contar que, una vez llegados de nuevo a Vilanova, nuestra 'Dulcinea' (cuyo nombre es Mercè) se emocionó con la carta que Quijote dejó para que se la entregáramos.

Ha sido un viaje que nos ha dejado para siempre unos grandes recuerdos y os estamos muy agradecidos por ayudar a que así fuera!

Un fuerte abrazo para todos!

James Pownall

EL TOBOSO, Patria de Dulcinea.

Hacía mucho había descartado la existencia de un rincón en el mundo donde distanciarme de la imperfección de esta forma de vida que nos hemos impuesto, descreída de que ese oasis donde poder reposar existiera.

"Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro. Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas; porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca."

La frustración fue el fruto de una búsqueda fallida, ese punto de destino de utópica serenidad no existía; necesitaba ese espacio, estar al tanto de su paradero para, tal vez en el otoño de la vida, regresar a él y no marcharme jamás. Con cada viaje, con cada desilusión, más de lo mismo y el usual vacío, se iba desvaneciendo mi ánimo.

"Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades."

Jotabé, un buen amigo, siempre nos hablaba de su pueblo: El Toboso Click, al hacerlo los ojos le brillaban y su sonrisa, amplia y abierta, se multiplicaba. La felicidad también es contagiosa.

"Es dulce el amor a la patria."

Y Jotabé nos invito a visitarlo. iquest;Qué sabíamos de El Toboso?, que era el pueblo de Dulcinea la amada de D. Quijote, que estaba en Toledo y que tan solo tenía dos mil habitantes. Pero esa emoción al hablar de sus gentes, de sus calles, de sus monumentos y museos, prometía algo más.

"El que no sabe gozar de la ventura cuando le viene, no se debe quejar sí se pasa."

Y allá que nos fuimos, dispuestos a retratar cada ángulo que valiese la pena. Un desplazamiento fugaz, con dos días sería más que suficiente para cuatro almas habituadas a trotar absorbiendo esencias. Un murciano, un madrileño, un catalán y una valenciana, grandes ciudades, convencidos de lo que se iban a encontrar. Necia es la ignorancia.

¿Cómo explicar lo que sucedió al dejar la autovía y entrar en la carretera comarcal en cuyo horizonte asomaba El Toboso? Extensiones de viñas, colores verdes, amarillos, naranjas, azules y blancos; árboles frondosos y solitarios en una inmensidad de perfección categórica. Aquello era Machado. Era Cervantes. Incluso los parches del asfalto ampliaban nuestra agitación. Sentí que no llegaba a un lugar extraño, observé a mis acompañantes, todos con esa sonrisa amplia y abierta.

Castilla La Mancha, allí nació mi madre y mis abuelos y mis tatarabuelos. Orgullosa de sus orígenes mi abuela me relataba junto a la mesa camilla con el brasero ardiendo y unas torrijas, como cuenta ahora mi madre a mi hijo, cosas de su tierra, chascarrillos y costumbres, paisajes y formas de vida. Visite hace años el pueblo de mi abuela, el motivo fue muy triste: enterrarla; ella, después de treinta años, anhelaba descansar allí. Aquella ciudad, moderna y luminosa, con buen pavimento, con adosados ajardinados y edificios de diez alturas con ascensor y garaje, con comercios y bares una puerta si y otra también, no era el pueblo de mi abuela. Ni se parecía. Ya no quedaba nada, solo la sensación de pérdida y el recuerdo. "Por la calle del ya voy, se va a la casa del nunca."

Nos aproximábamos a El Toboso Click y el reloj se detuvo. Vislumbrar aquella imponente iglesia, del gótico tardío, con su torre de estilo herreriano, dándonos la bienvenida hizo que todo alrededor se desenfocara. Solo ella, tan inmensa y majestuosa que la conocen como la Catedral de la Mancha, contemplaba nuestra llegada.

Con un cielo lleno de nubes que prometía más bien poco para nuestro cometido, las cámaras y la lluvia nunca se llevaron bien, entramos en El Toboso Click, intuí que estaba en casa. El encanto nos inundaba, las casas encaladas, mampostería, tejas y calles limpias, aldabas, chascarrillos, torrijas y aquella mujer manchega que de limpia lavaba el agua, que crió nueve hijos y que me rogaba, cuando la vista le fallaba, que le releyera la biblia en voz alta: mi abuela, mi infancia.

"Encomiéndate a Dios de todo corazón, que muchas veces suele llover sus misericordias en el tiempo que están más secas las esperanzas." Y ¿qué describir?. ¿Ser analítica y aportar fundamentos?, ni todo el papel del mundo podría plasmar lo que es y lo que ha significado El Toboso Click para cada uno de nosotros.

Los cuatro nos marchamos plenos, fascinados nos detuvimos al salir hacia Valencia para verlo en la distancia una vez más. Allí, en medio de un viñedo, contemplamos la Iglesia Parroquial de San Antonio Abad Click a la que subimos a su zona más alta, en una aventura inusual a través de unas escaleras llenas de tiempo, vimos su estructura, reforzada tras un incendio. Recordamos al Párroco D. Juan Miguel, narrándonos con una sonrisa la historia del templo y perdonando paciente nuestra intrusión, flashes y preguntas; mostrándonos los tesoros más preciados, incunables tan hermosos que te cortaban la respiración. La parroquia, inmensa y sublime, arquitectónica e históricamente, se hizo un todo con el silencio roto por las notas del órgano y una delicada voz. Recordamos la Plaza Mayor donde se encuentra con el empedrado pisado por sus gentes acudiendo a misa de doce, las campanas acariciando el cielo, el acto de festividad.

"No hay amor perdido entre nosotros"

Raúl, señaló en la distancia el Convento de las Madres Franciscanas Clarisas Click, al momento recordamos su precioso jardín empedrado en la entrada principal, aquel edificio hermoso y austero detrás de cuya puerta se encontraban los dulces que ellas elaboran y que nunca serán comparables a la dulzura con la que conversan con sus visitantes.

Víctor, poco hablador, vio emocionado donde estaba el Convento de las Religiosas Madres Trinitarias, El Escorial de la Mancha Click, y su museo, recordando al momento la celebración tan emotiva que vivimos unas horas antes, la historia de su fundadora, la Orden de Santiago, los delicados bordados, el silencio, la paz.

¿Y del Quijote?, apenas tuvimos tiempo, perdónanos Isabel, ama de la Hospedería Casa de la Torre Click, manchega de carácter, luchadora y prudente.

"El andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos."

No quisimos visitar la Casa Museo de Dulcinea ni el Centro Cervantino, lo reservamos para la siguiente, imposible asimilar tanto en tan poco tiempo, fue suficiente con disfrutar la "Casa de la Torre Click" que contiene el alma de Alonso y Aldonza, de D. Quijote y Dulcinea. No olvidaremos las maravillas de su interior: El Quijote escrito por amanuenses y del que por falta de tiempo nos quedamos con las ganas de ver la parte en latín, los originales de las paredes, los ejemplares atesorados en esa maravillosa librería, la marquetería de la madera, preciosas sabanas colmadas de bordados y puntillas, blancas e inmaculadas que temí estropear con mi roce, el patio con el pozo, ese estupendo desayuno con pan caliente, queso fresco, aceite, fresas, miel..., el brasero prendido que mucho significó y el afecto del "Ama Isabel" en todo momento.

"La libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida."

Pero el silencio, aquel sueño sublime y la sensación de descanso, de estar arropada, eso sí que no podrá ser igualado.

"El sueño es el alivio de las miserias para los que las sufren despiertos."

El Toboso además del Quijote, es su emocionante historia, tradición, cultura, poesía y música, espiritualidad, todo el arte condensado en sus habitantes y en sus calles.

Ha sido tanto en tan poco tiempo:

Conocer al sacristán, saludarlo desde lo alto de la torre mientras se marcha a la tranquilidad de su hogar, escucharle cantar con su voz de tenor en ese valioso coro.

"La música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu"

Acompañar a la madre de Jotabé por calles solitarias mientras la lluvia caía y nos contaba su historia abriéndonos las puertas de su hogar. Nos queda pendiente conocer a D. Juan.

Cenar entre amigos y risas en el "Bar Rocinante" donde su simpática dueña hace el mejor "ajo arriero", chafado con tenedor, después del de mi madre; o comer esos "Duelos y Quebrantos" en "La Noria de Dulcinea".

Escuchar en el auditorio al tenor José Manuel Montero interpretando la emocionante "Romanza de Dulcinea" de Manuel Millán y pedirle a D. Marciano, el alcalde, con toda la cara, que nos diera el título de Quijotes Soñadores, ¿qué habrá pensado el buen hombre?.

Conocer a Rufino Fino Delgado, actor, de los de vocación de verdad, de los que actúan en la calle, para todos, que recita como nadie la Carta de Amor a Dulcinea. Encantador ríe.

Comprar en Toboshop, la única tienda que vimos en todo el pueblo, recuerdos de un lugar imposible de olvidar. Con la hierba fresca que nos regalo su dueña, nos acompaño su aroma durante todo el viaje.

Compartir asiento y festividad con todos los toboseños, sentirnos parte de ellos durante unas horas, escuchar sus problemas con la agricultura, la carencia de industria, el éxodo de los muchachos hacia las grandes ciudades en busca de trabajo y el brillo de los ojos de los mayores al afirmar: "Pero los jóvenes en cuanto pueden vuelven". No nos extrañó, ¿quién puede evitar volver?.

Los cuatro, durante el regreso, dos horas y media dan para mucho, nos hemos contado las impresiones, sensaciones. No estábamos tristes, ni melancólicos, todo lo contrario, pletóricos y sonrientes, sin buscar habíamos encontrado algo que necesitábamos: Yo, mi lugar. Los demás, que lo cuenten ellos si quieren.

La pluma es la lengua del alma.

Jotabé, GRACIAS. El Toboso inspira emociones muy exclusivas: Carcajadas abiertas frente a la nostalgia, ánimo contra el desaliento, palabras y armonía que arrullan al silencio. Quinientas fotografías nos han parecido pocas.

Hablaremos de tu tierra, otros la visitarán, pero lo que encuentre cada uno... será una aventura.

Mercedes Guiot Muñoz de la Espada

Revelaciones de un viajero

Mi destino viajero me ha llevado a gozar de magníficos hoteles por medio mundo. Acuden a mi memoria El Royal Palm o El Sofitel de Isla Mauricio, EL Sundton de Johannesburgo, El Duna o EL Gellertért de Budapest, el Lisboa Plaza en la capital Portuguesa, el Buourdon Orleans en Nueva Orleans.

He dormido en camas fabulosas y en alguna buhardilla parisina, en plena velva de Jarawak junto a los indígenas y en tumbonas de la costa malagueña. En fin he conocido el lujo, la normalidad, el sueño en una litera de caravana junto alguna carretera, y también la tierra dura en algún colchón de tienda de campaña.

Con el paso del tiempo he aprendido a saber apreciar lo mejor y en este sentido lo mejor es aquello que sabe fundirse con su entorno natural, desde la exigencia de la calidad.

Esto se encuentra en contadas ocasiones y yo tuve la suerte de hallarlo el primer fin de semana de junio de 1997 en un lugar de la Mancha cuyo nombre no se me va de la memoria: Casa de la Torre, aquel afortunada día en que llegue a él rastreando la huella de D. Quijote, CON MI sancho particular y mis dos hijos Fernando y Alejandro, quienes por fortuna algo han tomado de mi olfato para apreciar lo bueno y ahora son ellos quienes más insisten el volver y corregir mi posible

"Papá, ¿Cuándo volvemos al Toboso?, ¿Cuándo volvemos a La Casa de la Torre?", me dicen desde entonces.

Hemos vuelto y lo seguiremos haciendo porque hemos encontrado la base de un trabajo bien hecho sobre la cal, la madera, el ladrillo y el metal manchego, es decir, sobre lo autentico, y hecho con pasión y con talento para cada detalle del verdadero lujo; el que se consigue desde lo pequeño para ir hacia lo grande, el que vale conjugar belleza, atmosfera y armonía, con eficacia y pragmatismo para la comodidad.

Todo un lujo.

Y es que lo mejor al fin se encuentra en la fusión de lo natural con lo elegido. En lo auténtico basado en lo esencial.

Esta es la única fórmula para no caer en lo superfluo. Seguiré durmiendo en lugares fastuosos del mundo, en selvas, desiertos sabanas...Siempre habrá unos días para acercarme a la Casa de la Torre en EL Tobos, con Fernando y Alejandro, para seguir apreciando y disfrutando de lo esencial.

Fernando García Román
"Revelaciones de un viajero"
Revista de turismo "Travesías"

Casa de la Torre

Viajar por el mundo fue mi gran sueño... ¡felizmente realizado! y don Quijote de la Mancha el mentor de mi ambicioso proyecto. Recuerdo aún las emocionadas e interesadas interpretaciones que hacía del Quijote en los inicios de mi particular aventura. De esas agradables y maratonianas sesiones de placentera lectura recuerdo con especial cariño un capítulo que me impresionó y marcó mi vida de forma especial: De lo que pasó don Quijote con su escudero, con otros sucesos famosísimos. Don Quijote desea con locura, nunca mejor dicho -y por tercera vez- emprender una nueva aventura, pero ha de enfrentarse con la cariñosa incomprensión de sus seres queridos -el ama- y del planteamiento económico -realista a todas luces- de su escudero Sancho Panza. Situaciones de las que sale airoso gracias a la inesperada y oportuna intervención del bachiller Sansón Carrasco, y a su aguda percepción de la realidad y profundo conocimiento de los sentimientos humanos.

En mi andadura por los tortuosos y difíciles caminos de la vida he podido constatar que hay gentes maravillosas que son fieles seguidores del Quijote. Actualmente, en los albores del tercer milenio, una ilustre manchega, ha sido capaz, con tozudez, valentía y una pequeña dosis de locura, de emprender felicísimas aventuras. ¡Qué mejor homenaje al Quijote que relatar una bella historia acaecida en la Mancha!

Aventuras nunca imaginadas

La magia existe y reposa agazapada en nuestros corazones. Hay momentos en nuestras vidas, que esta poderosa energía, sin saber muy bien por qué, fluye con fuerza por nuestras venas y hace posible que todo, absolutamente todo, se transforme maravillosamente, permitiéndonos emprender aventuras nunca imaginadas.

Esto debió pensar nuestra heroína, cuando, un buen día, sintió en su interior el fluir revitalizador de la magia. Sabía que muy pronto, algo nuevo e importante ocurriría. Extasiada ante la posibilidad de emprender nuevas "locuras", en un rito místico, se asomó a la pequeña ventana del comedor, quería contemplar una vez más, una imagen entrañable: los molinos de viento. Estos, erguidos sobre la colina, reflejaban las brillantes y doradas luces del amanecer. Los vio más hermosos que nunca.

Sin pensarlo dos veces, salió presurosa a la calle y no paró hasta tropezar con los molinos. Sobre su cabeza, las poderosas aspas batían el aire, como queriendo espantar a sus enemigos, los "devoradores de sueños". Allí, lejos de las miradas de la familia, se encontraba a gusto. Sabía que sus pensamientos más íntimos sólo serían escuchados por el viento y...por su corazón.

Pero su inesperada ausencia y su notable cambio no pasó desapercibida en la casa. Todos barruntaron notables acontecimientos y se prepararon, como en otras dos ocasiones, para contener, en la medida de lo posible, a que la soñadora diese rienda suelta a su imaginación. Inútil medida, porque nuestro personaje rebosaba imaginación y vitalidad suficiente, como para recabar a su alrededor generoso apoyo a sus planes aventureros.

Ajena a las maquinaciones de amigos y familiares, viajó al Toboso. Estaba segura que, con la energía que manaba desde lo más profundo de su ser, podía iniciar una nueva y maravillosa aventura. Y no se equivocaba, cuando las reconfortantes sombras del atardecer empezaban a cubrir las nobles casonas, tropezó con su destino. Un portón entreabierto le invitaba a entrar en el mundo de sus sueños. En el patio de la casona, comprendió que la magia de la vida es hacer realidad la vida misma...la utopía.

Cuentan las crónicas, que la "Casa de la Torre" en el Toboso, la regentó durante muchos años y con gran felicidad, una soñadora digna seguidora del Quijote y, que en algún lugar de la casona, donde los recuerdos se graban con amor, hay una placa en la que rinde homenaje a su fiel escudero y aquellos que le animaron y le siguieron en su notable aventura.

Manuel Méndez Guerrero