Presentación de Francisco Moreno Fernández

CERVANTES, IN MEMORIAM

Francisco Moreno Fernández
Catedrático de Lengua Española
Universidad de Alcalá - Instituto Cervantes en la Universidad de Harvard

Francisco Moreno FernándezEl libro que ahora tienes en tus manos, amable lector, es una obra de todo punto singular. No es un libro original; no está «escrito» por su auténtico autor; y ni siquiera está compuesto mediante caracteres impresos. Es un libro que no engrosará la lista de los bibliólogos de Harvard, ni será citado por los más pedantes eruditos, ni se sumará a la media de ediciones españolas, ni permitirá que Google le saje las tripas para extraerle fragmentos literales. No, este libro no alcanza a ser «libro», pero, siéndolo, sobrepasa con mucho el espacio de las estadísticas para situarse de lleno en el de la emoción literaria.

La paradoja de este libro, que no lo es, solo ha podido venir inspirada por un personaje y una obra sin par, como sin duda lo fueron Miguel de Cervantes y El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. Su causa final ha sido la celebración del cuarto centenario de la edición de la inmortal obra de Cervantes; su causa eficiente, lleva el nombre propio de Isabel Fernández, junto al de la «Casa de la Torre». El proyecto consiste en la copia manuscrita y multilingüe del Quijote, como homenaje de un puñado de admiradores instados a abandonar las modernas tecnologías de la escritura para recuperar el ritmo del amanuense y el esfuerzo del calígrafo, un esfuerzo que ha permitido saborear el gusto del Quijote, párrafo a párrafo, palabra a palabra, lentamente, en la «lengua» de cada uno.

En el bienio prodigioso de 2015 y 2016, la efeméride de la aparición de la segunda parte del Quijote ha venido a encadenarse con la conmemoración de la muerte de su genial autor, acontecida en 1616, por lo que los motivos para recordar a Cervantes se acumulan. En una primera entrega, la Casa de la Torre sacó a la luz, manuscrita, la primera parte del Quijote, en un derroche de tesón y de cariño hacia el gran libro. Llega ahora la segunda parte y el entusiasmo se redobla. Y, además, a las celebraciones cervantinas se suma el cuarto centenario de la muerte de William Shakespeare, formando una tormenta perfecta de conmemoraciones literarias y favoreciendo la reflexión sobre la figura y la obra de los dos genios universales.

La comparación de Cervantes y Shakespeare arroja interesantes paralelismos y curiosas discrepancias. Los primeros nos hablan de la decisiva incidencia de sus obras en el devenir de sus respectivas lenguas y culturas. La popularidad de don Quijote y de Sancho Panza solo es comparable a la de Hamlet y Falstaff. Además, la notoriedad lograda por Cervantes y Shakespeare en su época llevó a la aparición de textos apócrifos redactados por impostores de ambos. En el caso de Shakespeare hay poemas que no salieron de su pluma y que contribuyen a sembrar la duda sobra la autoría de obras reconocidas. Tan prolífico era el Bardo de Avon en lírica y dramaturgia, que ha llegado a plantearse la existencia de un segundo Shakespeare. En el caso de Cervantes, la impostura tuvo nombre propio, Alonso Fernández de Avellaneda, supuestamente nacido en Tordesillas, aunque la escritura revela que el autor del «falso» Quijote bien pudo ser aragonés. A la fama contemporánea de uno y otro, debe añadirse la repercusión alcanzada hasta la actualidad, porque si el británico resultó impactante en la obra de Jorge Luis Borges o Rubén Darío, el español no lo fue menos en la creación de Voltaire, Charles Dickens u Orson Wells.

Mas en el ámbito de las discrepancias hallamos elementos muy reveladores. Cervantes fue un brillante narrador, aunque se desvivía por ser poeta, la gracia que no quiso darle el cielo; Shakespeare fue buen poeta, excelso sonetista y dramaturgo sin igual, aunque sin prosa. Pero, si la muerte los unió por coincidencia de fecha, que no de día, la muerte los separó por el modo en que les llegó. Cervantes murió pobre con 68 años; Shakespeare, rico a los 52. Cervantes fue muy consciente de la cercanía de su muerte, cuando así le decía al conde de Lemos:

Puesto ya un pie en el estribo
con las ansias de la muerte
gran señor, esta te escribo.

Don Miguel fue enterrado finalmente de forma humilde, en un tumba varias veces vuelta y revuelta. Shakespeare, en cambio, recibió sepultura bajo un epitafio que incluía una maldición, respetada, por si acaso, hasta nuestros días:

Buen amigo, por Jesús, abstente
de escarbar en el polvo aquí encerrado.
Bendito sea el hombre que respete estas piedras,
y maldito el que remueva mis huesos

Más allá de coincidencias y discrepancias entre ambos literatos, lo que importa es el reconocimiento hacia sus obras y la celebración de la cultura como valor profundamente humano. Uno y otro son componentes fundamentales del pensamiento universal. Al leer a Cervantes, nos adentramos en lo más íntimo de la cultura hispánica; al leer a Shakespeare, conocemos los trazos cardinales de la cultura anglosajona; al leerlos a los dos, accedemos a un universo de infinita riqueza, que nos ayuda a entender y a apreciar la humanidad en toda su complejidad y en toda su maravilla.

Este libro que no lo es, atento lector, surge como feliz excepción entre los 129 millones de libros publicados en el mundo desde la invención de la imprenta. Pero, sobre todo, este proyecto, nacido en El Toboso, es una puerta por la que acceder a la era dorada de la literatura universal.

Cambridge, MA. Octubre 2015

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