Presentación de Lola Esteva de Llobet

EPÍLOGO

Ante todo hemos de agradecer a Isabel el haber ideado El Quijote manuscrito entre lo amigos del Hidalgo.

Sólo ánimas inquietas pueden llevar a cabo un trabajo de liderazgo y coordinación entre múltiples amanuenses y gente de tan diversa procedencia y profesión.

Por otra parte, creo que esta labor ha sido muy importante porque tiene como finalidad glosar los grandes ideales y valores del Quijote, símbolo de nuestra cultura nacional y joya del patrimonio de la humanidad. Y es esa glosa, lectura, transcripción o traducción lo que nos acerca al héroe y nos hace cómplices del mensaje cervantino. Porque en ese proyecto - trayecto de Don Quijote, desde el corazón de La Mancha hasta Barcelona, es donde se erige prefigurada la existencia humana y los valores del hombre moderno, del que se hace a sí mismo, del que duda, se muta y se transmuta, busca la verdad en la razón de la sinrazón y, finalmente, se mide por sus obras.

No en vano Saramago, resaltando el valor de esta obra, El Quijote manuscrito entre los amigos del Hidalgo, destacó que en la aventura risible del caballero de la Triste Figura está presente la "contradicción del ser humano entre ser y querer ser, entre ser y haber sido".

Por eso valoramos el mérito de tantos colaboradores, transcriptores amanuenses y dibujantes, porque el triunfo de lo literario aparece cuando hay lectores, oyentes o transcriptores, cuando la recepción es total y completa, cuando se da una complicidad con el texto y el autor. La novela cumple, pues, las expectativas ilusionistas contra el absurdo de la vida cotidiana y nutre el subconsciente colectivo, ese mundo extraordinario poblado de sueños, juego y aventura donde sumergirse y confundirse. Y en ese sentido cabe también recordar las palabras del hermeneuta francés, Paul Ricoeur, quien nos dice que "la lectura, lejos de ser una interpretación negligente es una lucha de estrategias: la de la seducción por parte del narrador y la de la complicidad del lector vigilante que lleva el texto a su significado final".

Y en ese lugar de La Mancha, El Toboso, de cuyo nombre, sí quiso acordarse Cervantes, comienza hoy esa nueva crónica manchega, la del Quijote manuscrito entre los amigos del hidalgo editada por Antonio Herrera Casado y custodiada por Isabel en la Casa de la Torre.

Lola Esteva de Llobet

Es miembro de la Asociación de Cervantistas, catedrática de Lengua y Literatura castellana. Doctora en Filología hispánica y actualmente profesora del IES SANTAMARCA de Madrid.

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